Con la llegada de un nuevo We Tripantu, el pueblo mapuche celebra el inicio de un nuevo ciclo. Es el momento en que el sol comienza a recuperar terreno, los días se alargan y la naturaleza renueva sus energías. Una fecha profundamente significativa que nos invita a reflexionar sobre nuestra relación con el entorno y sobre las oportunidades que surgen cuando aprendemos a valorar los recursos que la naturaleza nos entrega.
Durante muchos años se instaló la idea de que en el sur no había condiciones suficientes para aprovechar la energía solar. Se decía que el sol era patrimonio exclusivo del norte de Chile y que nuestro clima hacía inviable pensar en paneles solares como una alternativa relevante para hogares, escuelas o emprendimientos.
Sin embargo, los hechos han demostrado exactamente lo contrario.
Basta observar la experiencia internacional. Temuco, Valdivia, y Puerto Montt se encuentran considerablemente más cerca del Ecuador que ciudades como Berlín, una de las capitales europeas con mayor desarrollo de generación solar distribuida. Si ellos pudieron transformar sus techos en pequeñas centrales eléctricas, nosotros también podíamos hacerlo.
Lo que comenzó como una apuesta por democratizar el acceso a la energía se transformó en una política pública de largo plazo. En 2022, el Gobierno del Presidente Gabriel Boric estableció como meta alcanzar 500 MW de generación distribuida instalada durante su período, impulsando el autoconsumo, el Netbilling y la participación ciudadana en la transición energética. Esa meta permitió acelerar el despliegue de sistemas solares en viviendas, comercios, instituciones y organizaciones a lo largo de todo el país.

Hoy estamos entrando en una nueva etapa. La recientemente presentada Ruta Energética 2026-2030 elevó la ambición nacional y plantea alcanzar 1 GW de capacidad instalada bajo el esquema de Netbilling al año 2030, prácticamente duplicando la capacidad existente. Actualmente Chile ya supera las 42 mil conexiones de generación distribuida y bordea los 510 MW instalados, demostrando que producir energía desde los propios hogares y comunidades dejó de ser una excepción para transformarse en una realidad cada vez más cotidiana.
La Araucanía ha demostrado que el sur de Chile también puede aprovechar exitosamente la energía solar. Pero además estamos avanzando hacia algo aún más innovador: la energía comunitaria. A nivel nacional ya se han desarrollado 59 Parques Solares Comunitarios, y siete de ellos están aquí, en La Araucanía, además de otros seis cuya construcción ya se inició en el resto del país. Estos parques permiten que municipios, comunidades y cooperativas generen beneficios directos para sus vecinos, acercando la transición energética a quienes históricamente han tenido menos oportunidades de acceder a ella.
Quizás esa sea una de las enseñanzas más valiosas que nos deja el We Tripantu. Así como el nuevo ciclo anuncia el retorno de la luz después de los meses más oscuros, la transición energética nos muestra que es posible construir un futuro más justo aprovechando de mejor manera los recursos disponibles en nuestros territorios.
El sol que vuelve a nacer sobre nuestro país no sólo ilumina nuestros campos, bosques, lagos y volcanes. También puede ayudar a reducir cuentas de electricidad, fortalecer la autonomía energética de las comunidades y generar nuevas oportunidades de desarrollo para las familias en todo el territorio nacional.
Porque el futuro energético de Chile ya comenzó. Y se escribe, cada día más, con la fuerza del sol.